![]() |
| Valle-Inclán |
El teatro modernista y de la Generación del 98
A principios del siglo XX el teatro sigue representando las formas teatrales del siglo anterior: la alta comedia burguesa de Echegaray y el género chico.
Por otro lado, existe el teatro comercial representado por Carlos Arniches y los hermanos Álvarez Quintero, que llevan a escena una idealización de la sociedad madrileña y andaluza respectivamente con sus tipos representativos, tipos que encarnaban virtudes y defectos estereotipados. No obstante, tanto lingüísticamente como argumentalmente, el teatro de Carlos Arniches (La señorita de Trevélez, Los caciques) es superior al de los hermanos Álvarez Quintero.
Caso aparte es la figura de Jacinto Benavente que aunque empieza escribiendo un teatro renovador (La malquerida) pronto sucumbe al éxito teatral y a la comercialización y escribirá un teatro que camina hacia la alta comedia con sus características propias, si bien superando el tono grandilocuente y dándole más fluidez y elegancia a aquella. Su obra más famosa es Los intereses creados, que sigue el modelo de la commedia dell`arte italiana. Plantea un enfrentamiento entre el amor y los intereses económicos, que terminan triunfando sobre el primero.
Unamuno critica los moldes teatrales del momento y se propone obras de carácter simbolista que representan conflictos existenciales (Fedra, El otro).
Azorín intenta un teatro renovador sin conseguir dar forma dramática a los conflictos que quiere representar (Old Spain, Angelita). Jacinto Grau experimentó gran cantidad de técnicas y enfoques como los del teatro expresionista alemán (El señor de Pigmalión, El caballero de Verona).
Valle-Inclán será la gran figura de esta generación. Podemos dividir su obra en tres ciclos:
a) Ciclo mítico, con las comedias bárbaras, cuyo protagonista, Juan Manuel de Montenegro, protagonizará un mundo de bajas pasiones dominado por la lujuria en una Galicia rural y primitiva (Águila de blasón, Romance de lobos, Cara de plata).
b) Ciclo de la farsa, que pone en contacto lo sentimental y lo grotesco. El lenguaje es cada vez más degradado y los personajes también más deshumanizados. Es el paso previo al esperpento (Farsa y licencia de la reina castiza).
c) Ciclo del esperpento, en el que Valle continúa la tradición de Quevedo. Se propone la destrucción de la realidad ofreciendo una imagen grotesca de la misma, degradada, deshumanizada, deformada. El esperpento es una nueva estética y una nueva visión del mundo (Luces de bohemia, Martes de carnaval). Destacan también en este teatro el valor de las acotaciones escénicas y el uso magistral del lenguaje en todos sus registros: conviven lo refinado con lo vulgar, la ironía y el sarcasmo con lo sublime y la riqueza expresiva, que le sirven para mostrar las pasiones y las frustraciones del ser humano y criticar las circunstancias sociales del país.
Teatro vanguardista y de la Generación del 27
A principios del siglo XX el teatro sigue representando las formas teatrales del siglo anterior: la alta comedia burguesa de Echegaray y el género chico.
Por otro lado, existe el teatro comercial representado por Carlos Arniches y los hermanos Álvarez Quintero, que llevan a escena una idealización de la sociedad madrileña y andaluza respectivamente con sus tipos representativos, tipos que encarnaban virtudes y defectos estereotipados. No obstante, tanto lingüísticamente como argumentalmente, el teatro de Carlos Arniches (La señorita de Trevélez, Los caciques) es superior al de los hermanos Álvarez Quintero.
Caso aparte es la figura de Jacinto Benavente que aunque empieza escribiendo un teatro renovador (La malquerida) pronto sucumbe al éxito teatral y a la comercialización y escribirá un teatro que camina hacia la alta comedia con sus características propias, si bien superando el tono grandilocuente y dándole más fluidez y elegancia a aquella. Su obra más famosa es Los intereses creados, que sigue el modelo de la commedia dell`arte italiana. Plantea un enfrentamiento entre el amor y los intereses económicos, que terminan triunfando sobre el primero.
Unamuno critica los moldes teatrales del momento y se propone obras de carácter simbolista que representan conflictos existenciales (Fedra, El otro).
Azorín intenta un teatro renovador sin conseguir dar forma dramática a los conflictos que quiere representar (Old Spain, Angelita). Jacinto Grau experimentó gran cantidad de técnicas y enfoques como los del teatro expresionista alemán (El señor de Pigmalión, El caballero de Verona).
Valle-Inclán será la gran figura de esta generación. Podemos dividir su obra en tres ciclos:
a) Ciclo mítico, con las comedias bárbaras, cuyo protagonista, Juan Manuel de Montenegro, protagonizará un mundo de bajas pasiones dominado por la lujuria en una Galicia rural y primitiva (Águila de blasón, Romance de lobos, Cara de plata).
b) Ciclo de la farsa, que pone en contacto lo sentimental y lo grotesco. El lenguaje es cada vez más degradado y los personajes también más deshumanizados. Es el paso previo al esperpento (Farsa y licencia de la reina castiza).
c) Ciclo del esperpento, en el que Valle continúa la tradición de Quevedo. Se propone la destrucción de la realidad ofreciendo una imagen grotesca de la misma, degradada, deshumanizada, deformada. El esperpento es una nueva estética y una nueva visión del mundo (Luces de bohemia, Martes de carnaval). Destacan también en este teatro el valor de las acotaciones escénicas y el uso magistral del lenguaje en todos sus registros: conviven lo refinado con lo vulgar, la ironía y el sarcasmo con lo sublime y la riqueza expresiva, que le sirven para mostrar las pasiones y las frustraciones del ser humano y criticar las circunstancias sociales del país.
Teatro vanguardista y de la Generación del 27
Alberti tiene, por una parte, un teatro vanguardista que se acerca al surrealismo imperante (El hombre deshabitado). Ya después de la guerra y en el exilio cultiva un teatro (El adefesio) que se acerca al esperpento.
Max Aub también cultiva un teatro vanguardista, como podemos ver en Crimen. En una segunda etapa abandonará esta estética para escribir, después de la guerra y en el exilio, como Alberti, un teatro político y social.
En Alejandro Casona encontraremos la recreación de una realidad inaccesible, estilizada y poética con intervención del sueño y del más allá (La dama del alba, La sirena varada).

Pero al igual que Valle-Inclán es la gran figura del 98, Lorca será la del 27. También podemos dividir su teatro en tres etapas:
a) Las farsas: obras en las que funde lo lírico con lo grotesco para hablarnos de problemas como el matrimonio por interés y la diferencia de edad, así en El retablillo de san Cristóbal o Amor de don Perlimplím con Belisa en su jardín, en las que late el amor imposible.
b) Las comedias imposibles, así llamadas por su difícil representación dado su carácter surrealista y simbólico: Así que pasen cinco años, El público.
c) Las tragedias de tema social, con las que Lorca quiso devolver al teatro la emoción y la poesía que tuvo en la época clásica. Son obras ambientadas en un marco rural pero que transciende a lo universal. A pesar de que el tema varía en cada una de ellas, en todas Lorca enfrenta el individuo a la sociedad, enfrentamiento en el que sucumbe el individuo, pero este no dejará de mostrar sus ansias de lucha.
Es un teatro lleno de fuerza y cargado con una simbología que ya habíamos visto en el Romancero. Los propios títulos (Bodas de sangre, Yerma, La casa de Bernarda Alba) son símbolos de la acción dramática, y aparecen repetidamente el caballo, la luna, los colores… para crear una atmósfera trágica y lírica que envuelve el drama de principio a fin.
a) Las farsas: obras en las que funde lo lírico con lo grotesco para hablarnos de problemas como el matrimonio por interés y la diferencia de edad, así en El retablillo de san Cristóbal o Amor de don Perlimplím con Belisa en su jardín, en las que late el amor imposible.
b) Las comedias imposibles, así llamadas por su difícil representación dado su carácter surrealista y simbólico: Así que pasen cinco años, El público.
c) Las tragedias de tema social, con las que Lorca quiso devolver al teatro la emoción y la poesía que tuvo en la época clásica. Son obras ambientadas en un marco rural pero que transciende a lo universal. A pesar de que el tema varía en cada una de ellas, en todas Lorca enfrenta el individuo a la sociedad, enfrentamiento en el que sucumbe el individuo, pero este no dejará de mostrar sus ansias de lucha.
Es un teatro lleno de fuerza y cargado con una simbología que ya habíamos visto en el Romancero. Los propios títulos (Bodas de sangre, Yerma, La casa de Bernarda Alba) son símbolos de la acción dramática, y aparecen repetidamente el caballo, la luna, los colores… para crear una atmósfera trágica y lírica que envuelve el drama de principio a fin.

No hay comentarios:
Publicar un comentario