sábado, 5 de noviembre de 2011

LA NOVELA POSTERIOR AL 36

Gonzalo Torrente Ballester


1. La novela de los años 40.

La pobreza literaria de los años de la posguerra es enorme en el caso de la novela. Estéticamente hay una abrupta ruptura con las corrientes de la narrativa anteriores a la guerra civil. No sólo desaparece, obviamente, la novela comprometida de izquierdas del periodo republicano, sino que también se abandona el experimentalismo de la novela deshumanizada, así como las propuestas narrativas anteriores de la novela intelectual del novecentismo, de la novela lírica, de la novela filosófica de Unamuno o de la novela esperpéntica de Valle-Inclán. Si acaso sólo el realismo más áspero de Baroja servirá de modelo para algunos.
Buena parte de los novelistas que publican en España en esta época se encuentran dentro del campo de los vencedores en la guerra, y ello se nota en la orientación ideológica de sus obras, que van del falangismo militante al moralismo conservador de órbita catolicista tradicional. Es el caso de las novelas de Ignacio Agustí, Rafael García Serrano, Rafael Sánchez Mazas, José Mª Gironella, etc.

Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) publicó su primera novela, Javier Mariño, en 1943. Cuenta en ella la peculiar historia de un señorito español enamorado de una joven aristócrata comunista. A pesar del lastre ideológico es mejor obra que la de muchos de los autores arriba mencionados. Dentro del realismo tradicional que cultivó en los años 50 y principios de los 60 se encuadra la trilogía de Los gozos y las sombras, sin embargo muestra el pleno dominio de los resortes narrativos por parte del autor. En 1972 con La saga fuga de J.B. insiste en una veta de fantasía y humor que ya había ensayado en los años 40 para parodiar esta vez las innovaciones narrativas de los años 60.

Camilo José Cela (1916-2002) fue hasta el último momento un autor incansable de todo tipo de libros: de poesía (Pisando la dudosa luz del día), de viajes (Viaje a la Alcarria), de narraciones breves y cuentos (Esas nubes que pasan). Pero son sin duda sus novelas las que le han granjeado su fama como escritor. La primera, La familia de Pascual Duarte, le dio ya merecido reconocimiento como escritor y dio lugar a una nueva estética conocida como tremendismo por su violencia, truculencia y crueldad, en muchas ocasiones prescindibles. En la novela el protagonista, un campesino extremeño condenado a muerte, nos cuenta su vida llena de acontecimientos violentos y sórdidos. Se advierten en ella las influencias de la novela picaresca, los romances de ciego, las novelas naturalistas, las obras de ambiente rural y primitivo de Valle-Inclán. Pabellón de reposo es completamente diferente: se reproducen los monólogos de varios enfermos internados en un sanatorio de tuberculosos. El estilo ahora es sencillo y moroso e incluso se percibe en la narración un aire lírico y decadente que sirve de atmósfera para meditaciones existenciales diversas. La colmena mostrará el deseo por parte de Cela de experimentar con nuevas fórmulas y moldes narrativos. De nuevo aparece el personaje colectivo y la narración se estructura en múltiples secuencias de longitud variable pero ninguna muy extensa.El salto de unos lugares a otros y de estos personajes a los otros para mostrar a veces situaciones simultáneas que acontecen en lugares diferentes es lo que da lugar a la técnica caleidoscópica, a pesar de lo cual los pocos días en que transcurre la novela y la repetición de espacios le confieren una gran unidad. Oficio de tinieblas 5 pretende ser un ejercicio superrealista sin acción alguna pero en los que vuelven a ser constantes el pesimismo y la obsesión sexual. En Mazurca para dos muertos regresa otra vez a los años de la guerra civil pero en esta ocasión en el ámbito urbano.

Miguel Delibes (1920-2010) es autor prácticamente de narraciones. Se da a conocer en 1948 con La sombra del ciprés es alargada, que formaría parte de lo que fue la novela existencialista y que muestra a un narrador todavía inexperto. Más afortunada fue El camino (1950) donde Delibes da con la clave de una prosa sencilla para retratar, con ojos infantiles y una voz en tercera persona que se funde a veces con la del protagonista, la vida de un pueblo y sus gentes. Muestra ya su tendencia a idealizar el mundo rural como paraíso perdido y su afecto por los humildes. Mi idolatrado hijo Sisí aborda un tema que tendrá también futuras manifestaciones: la crítica a la burguesía provinciana. Su mejor novela es quizás Cinco horas con Mario (largo y patético soliloquio de una mujer con su marido en la noche que vela su cadáver). Es un magnífico retrato de la mediocridad, del convencionalismo y la trivialidad de la vida burguesa durante los veinticinco primeros años del franquismo. El catolicismo banal y ultraconservador de la mujer se enfrenta a la actitud liberal y la preocupación social del marido. Parábola de un náufrago es una parodia del vanguardismo literario del momento (finales de los sesenta). En Los santos inocentes expresa algunas de sus preocupaciones recurrentes: el mundo campesino, la desigualdad social, la explotación de los débiles…Entre sus últimas novelas está El hereje.


2. El realismo social de la novela en los años cincuenta.



La novela de estos años se caracteriza por su intención social y su estética realista. Es una novela en la que aparece la falta de libertad de la sociedad española, la desigualdad social y la miseria generalizada, hechos que pretende reflejar con fidelidad. La literatura será cauce expresivo de protestas e inquietudes para muchos escritores que aunque habían nacido en muchos casos en la órbita ideológica de los vencedores, se apartan de ella al ser conscientes del insólito carácter totalitario del régimen político español de su tiempo. Se suelen señalar los años de 1954 y de 1962 como los del comienzo y fin del fenómeno de la novela social. Son fechas convencionales pero orientativas de la dirección de la narrativa de esta época.
Dentro de la novela social es habitual distinguir dos corrientes: el objetivismo, que tendría como modelo la narrativa conductista norteamericana y el nouveau roman francés; el realismo crítico comparte los rasgos con el objetivismo pero tiene una intencionalidad crítica social más explícita, su gran tema, a pesar de la diversidad, es la sociedad española del momento.

Rafael Sánchez Ferlosio publica en 1951 Industrias y andanzas de Alfanhuí, libro insólito, fantástico y maravilloso que supondrá un enorme contraste con su siguiente novela, El Jarama, obra objetivista española por antonomasia en la que Ferlosio muestra la vida insulsa, anodina, falta de grandes metas y esperanzas, de un grupo de jovencitos que van de excursión al río. El Jarama es además un ejercicio de estilo con su narrador prácticamente desaparecido y sus nimios e intrascendentes diálogos. Después de esto Ferlosio casi abandona la literatura de ficción y se dedica al ensayo.

Ignacio Aldecoa busca retratar en sus novelas y cuentos la vida cotidiana, la “épica de los pequeños oficios”. La concisión narrativa y la expresividad estilística son dos características que acompañan, con aparente distanciamiento, los sufrimientos e ilusiones de sus personajes humildes. Entre sus obras: El fulgor y la sangre y Gran sol.

Jesús Fernández Santos publica su primera novela, Los bravos en 1954. En ella, con técnica objetivista, describe la vida asfixiante de un pequeño pueblo donde reina el caciquismo, la incultura y la violencia. El objetivismo y la intención social son características de algunas novelas posteriores. En Extramuros seguirá la novela histórica que ya había ensayado antes. Todas sus novelas destacan por su cuidado lenguaje, el lento desarrollo de la acción y la influencia de las técnicas cinematográficas.

Juan Goytisolo comienza con obras de realismo social como Campos de Nijar y Juegos de manos, pero en sus novelas posteriores se decantará como uno de los renovadores de la novela del medio siglo. Tanto Reivindicación del conde don Julián como Paisajes después de la batalla, donde rompe la estructura de la novela, mostrará su original concepción del género, así como la influencia que Tiempo de silencio de Martín Santos ejercerá sobre él.

Juan Goytisolo
Ana Mª Matute es una autora de novelas realistas y de intención social pero también de peculiar tono poético en la pintura de ambientes y personajes, de ahí que sea más apropiado hablar en su caso de realismo lírico: Los Abel, Los hijos muertos. La veta fantástica que la autora ha cultivado desde siempre aparece en muchos de sus cuentos y en alguna novela, como Olvidado rey Gudú, asimismo en una de las últimas: Paraíso inhabitado.








3. La renovación formal de los sesenta.

Semejante a la renovación que se lleva a cabo por estas fechas en la poesía es la que tendrá lugar en el ámbito de la narrativa. Los novelistas abandonan progresivamente las esperanzas de que sus obras puedan tener una repercusión social directa y, aunque no faltará en ocasiones la intención crítica, los autores centrarán sus esfuerzos en la renovación formal y en la experimentación técnica y lingüística. Un año decisivo para esta orientación será 1962, fecha de la aparición de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos, obra que ejerció una profunda influencia en los novelistas españoles de la época. Aparte de Cela o Delibes, se suman a la renovación destacados novelistas del realismo social como Juan Goytisolo, Juan Marsé o Juan Benet (que lleva mucho más lejos la experimentación formal). Algunas de las novedades de estas novelas son la pérdida de importancia de la trama, la indefinición del protagonista, el espacio pierde también sus características tradicionales, el tiempo novelesco sufre profundos cambios (se evita el relato lineal), la estructura de la novela va buscando esa sensación de laberinto textual por el que el lector ha de avanzar, flexible empleo de las personas narrativas, monólogo interior, el lenguaje se complica mediante todo tipo de procedimientos (léxico rebuscado, rupturas sintácticas, oraciones muy largas y complejas o muy breves y telegráficas, uso también del lenguaje coloquial o incluso vulgar), etc.

Luis Martín Santos, psiquiatra de profesión, se adelantó en 1962 con Tiempo de silencio al espíritu innovador que caracterizó a la novela de estos años. Su prematuro fallecimiento cortó su carrera literaria. La obra de Martín Santos rompe con la estructura novelesca y el punto de vista narrativo, pero también con el tratamiento tradicional de personajes y ambientes. Merece una mención especial su original tratamiento de distintos monólogos interiores, así como el rebuscamiento expresivo, tanto léxico como retórico, dando como resultado un lenguaje barroco que igual parodia, que ironiza o mitifica la realidad cotidiana o incluso la más sórdida: chabolas, burdeles, cárceles. La visión amarga de la realidad incorpora una vertiente existencial al mostrar unos personajes faltos de ilusiones, frustrados, abúlicos, egoístas, degradados.

Juan Marsé se incorpora a las corrientes renovadoras con Últimas tardes con Teresa, sátira de la burguesía progresista y de los estudiantes comprometidos de esos años. Es probablemente Si te dicen que caí su mejor obra, donde, según palabras del propio escritor, “no pretende tanto ser una revancha personal contra el franquismo, como una secreta y nostálgica despedida de la infancia”. Una de sus últimas novelas, Rabos de lagartija, vuelve a fijarse en los brutales, sórdidos y difíciles años de la posguerra.

Juan Benet alcanza notoriedad literaria con Volverás a Región, que supone la más radical ruptura con la tradición anterior. Voluntariamente hermética y difícil, trata de un imaginaro lugar, región, en el que Benet volverá a ambientar muchas de sus novelas posteriores, crando así un peculiar espacio mítico al modo en que lo había hecho Faulkner. La complejísima sintaxis llena de incisos, aclaraciones y digresiones de todo tipo y la destrucción del orden temporal vuelven a repetirse en Una tumba y Un viaje de invierno.